Pese a que el marketing las vende como “fuente de vitaminas”, poseen baja calidad nutricional y tienen exceso de componentes críticos como sodio, azúcar y grasas. Especialistas recomiendan reemplazarlas por frutas.

Son atractivas, deliciosas, coloridas y por lo general, siempre pensamos en ellas para acompañar al mate. Argentina es uno de los lugares donde más se consume galletitas. Según un informe de la consultora Kantar worldpanel, de enero de 2017, en nuestro país se consume per cápita siete kilos por año. La frecuencia de consumo de este “alimento” crece en los hogares con niños y adolescentes.

Tanto “amor” nacional por estos bocadillos, hace pensar que si son ricas, no deberían ser malas. Pero un informe reciente mostró el otro lado del placer de consumirlas.

El estudio fue realizado entre mayo de 2016 y el mismo mes de este año, sobre 301 productos entre galletitas dulces, postres y cereales de desayuno. Tuvo como objetivo analizar la calidad nutricional de los productos seleccionados y, en paralelo, detectar las técnicas de marketing en sus envases.

La Fundación Interamericana del Corazón (FIC) Argentina, en colaboración con la Fundación para el Desarrollo de Políticas Sustentables (FUNDEPS) y la Universidad Católica de Santa Fe, llegaron a la conclusión que el 87% de los cereales para desayuno, postres y galletitas dulces contienen una cantidad excesiva de uno o más nutrientes críticos como sodio, azúcares libres o grasas, lo que indica baja calidad nutricional.

Al respecto, la investigación reflejó que 4 de cada 10 envases de cereales, postres y galletitas de baja calidad nutricional utilizan mensajes tales como “Fuente de vitaminas y minerales” o “50% de calcio diario recomendado”. Estas frases, incorporadas por la industria de alimentos para que los consumidores identifiquen a los productos como saludables, muchas veces no refleja su calidad nutricional, según relevó el estudio.A su vez, la investigación reportó que 3 de cada 10 de estos productos altos en sodio, grasas o azúcar, presentan personajes en sus envases, tanto aquellos creados por la marca como los que incluyen deportistas y celebridades.

Cada vez más sodio
Para tener más datos sobre los componentes de las galletitas y snacks, PRIMERA EDICIÓN habló con profesionales del medio local.

Miguel Cristanchi, licenciado en nutrición, comentó que en esos alimentos dirigidos a la población infantil, suele verse en la etiqueta el agregado de hierro y calcio. Son muy importantes para los chicos en desarrollo pero, “a esos productos le sacan el azúcar simple y lo cambian por un tipo de edulcorante. Y no nos fijamos la composición de sodio que tiene el producto. Los especialistas en nutrición vemos que la industria le agrega cada vez más contenido de sodio, y eso también es una complicación para la salud a mediano y largo plazo. La población debería hacer un proceso de educación para leer los etiquetados. La realidad es que nosotros no deberíamos consumir más de dos miligramos de sodio al día. Si uno se pone a mirar las etiquetas, sobrepasan la cantidad de sodio en una sola porción, en casi cualquier producto”.

Sobre las galletitas que se muestran con bajo contenido de sodio o menor colesterol, el especialista opinó que “pueden ser que sean bajas en los tipos de ácidos grasos, tengan adición de Omega 3, u Omega 6, pero tienen agregado de sodio y azucares simples. La situación también puede darse a la inversa en los productos que son para diabéticos, a los que se les quita el azúcar simple, pero para compensar los sabores le agregan alguna mayor cantidad de ácido graso, que hace mal al organismo. Todo queda enmarcado detrás de una estrategia de marketing. Esta es una lucha que encaramos a diario los licenciados en nutrición, no solo con esas estrategias de venta, sino con lo que el Estado mismo permite que se ponga en la etiqueta. En general, la industria alimenticia hace esos juegos, que la población en general no los mira en profundidad. Si leyeran la letra chica de los etiquetados, se van a dar cuenta que es lo bueno o malo que está consumiendo”.

Cristanchi indicó que los padres tienen una gran responsabilidad en este proceso de educación alimenticia, porque los chicos no saben. Son los grandes los que tienen conocimiento y deberían estar alerta sobre lo que ingieren.

“Lo principal es el asesoramiento de especialistas en nutrición, que hay muchos en la provincia, para garantizar una correcta alimentación de la población infantil y la gente en general. Siempre es bueno apuntar a lo natural. Es mucho mejor un jugo de frutas que una gaseosa. Esto no implica que haya una prohibición del consumo de productos industrializados, pero si que la gente busque un equilibrio”.

Comentó también que la alimentación de la población en general es muy mala. “Los últimos estudios del Programa Prosane, y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dieron que Argentina está con el 25% de su población infantil con sobrepeso u obesidad. Como padres y como Estado, eso nos tiene que llamar la atención, porque a futuro estamos condicionando la salud de los habitantes. Tenemos que moderar los consumos. Saber que podemos comer de todo, pero en ciertas cantidades y momentos”.

El nutricionista recordó que en la provincia existe una ley de quioscos saludables, pero no está reglamentada. “Hace falta una fuerte decisión política, porque la salud infantil no es un juego”, opinó.

En ese sentido, finalmente señaló que hay antecedentes como el de la República Oriental del Uruguay, donde directamente se prohibió la venta de golosinas y gaseosas en las escuelas públicas.

No es lo que parece
Por su parte, Maria Angélica Emategui, presidenta del Colegio de Licenciados en Nutrición de la Provincia de Misiones, señaló que si bien puede observarse en los paquetes la leyenda “fuente de vitaminas y minerales”, esas son en realidad conservantes naturales.

“Por ejemplo, la población en general tiene un exceso de sodio en el organismo. Este elemento está hoy en todos los productos envasados, porque es un conservante natural. Las galletitas dulces tienen sodio. Cuanto más industrializado es, más sodio tiene”.

Por otra parte remarcó que hasta las galletitas saladas tienen azúcar, “por una cuestión de palatabilidad, para que sean ricas”.

Citó además como ejemplo los cereales para el desayuno, que si bien se presentan como saludables, contienen mucha azúcar y sal. “Además tienen muchos colorantes, que a la larga son nocivos”, explicó. “Son perjudiciales porque tiene efectos en enfermedades cardíacas o hipertensión”.

Emategui indicó que el gran consumo de galletitas es algo cultural en Argentina. No se mide el exceso de calorías que poseen. “Dos galletitas con relleno tienen 200 calorías aproximadamente, eso equivale a una manzana. Entonces pensemos que un chico no come una sola, sino que puede comerse un paquete entero de 200 gramos o más. Las consumimos tanto que no se presta atención al valor energético que tienen. Y sí eso va de la mano del sedentarismo, finalmente conduce al sobrepeso y la obesidad”.

En esa línea, opinó que la regulación sobre el etiquetado no es de lo mejor en cuanto a las políticas para disminuir el sobrepeso. “Hay países que tienen etiquetas grandes con exigencias al productor de alimentos de colocar la leyenda ‘con alto contenido de azúcar’. O el uso de la imagen de un semáforo, que advierte sobre cuán saludable es el producto. La recomendación es siempre tener frutas a mano y hacer postres con ellas. Reemplazar los alimentos industrializados con frutas frescas, es lo primordial”.

Indicó finalmente que el argentino y el misionero en general, no come tanta fruta como debiera. “El 45% de la alimentación diaria debe corresponder a frutas, verduras y hortalizas, pero esa es una costumbre difícil de implementarla. La ingesta sana ayuda a prevenir enfermedades, a tener más energía y a sentirse bien”, cerró Emategui.

Fuente: Primera Edición