El 17 de mayo corresponde a la fecha en que la Organización Mundial de la Salud suprimió (hace 31 años, en 1990) a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Es por eso que en este día se celebra el “Día Internacional de Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género” y particularmente en la provincia de Córdoba el “Día Provincial por la Igualdad y la no discriminación por Orientación Sexual, Identidad y Expresión de Género”. Estos avances se acompañan con leyes que demuestran conquistas pero también obstáculos en su implementación. 

El 17 de mayo es un día fundamental para visibilizar y concientizar sobre la violencia múltiple que padecen las personas LGBTIQ+.

En virtud de la incorporación de los tratados internacionales de derechos humanos a nuestra constitución, erradicar la discriminación por razones de género es un deber que asumió el Estado y también un compromiso de todas las personas que queremos vivir en una sociedad más justa y equitativa.

Existen diversas herramientas para erradicar violencias, una de ellas es la formación y creación de leyes, las cuales implican el reconocimiento de derechos. Entre ellas podemos nombrar la ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia; la 26.743 de identidad de género; la ley 26.150 de educación sexual integral; entre otras. A pesar de su reconocimiento, en el derecho existen dos conceptos fundamentales: por un lado la igualdad formal, y por otro la igualdad material. El primero se corresponde con lo que venimos hablando, el reconocimiento y promoción de igualdad  de derechos escrita en la ley, pero el segundo es su contracara. Es decir, nos permite identificar si aquello que está escrito se refleja en la cotidianeidad y se concretan dichos derechos generando una igualdad real, o si simplemente son enunciados narrados en un papel.  

Según datos actualizados de Amnistía Internacional, las personas que se identifican como lesbianas, gays, bisexuales, transgénero o intersexuales, o son percibidas como tales, corren más peligro de ser hostigades y víctimas de violencia por su orientación sexual o identidad de género. La expectativa de vida de la población travesti-trans en Argentina es de 35 a 41 años. En este sentido es importante recordar el caso de Tehuel De La Torre, un chico trans que desapareció el 11 de marzo del corriente año, cuando salió de su casa a una entrevista de trabajo. Hasta el día de hoy Tehuel no aparece, hay pocas pistas sobre su paradero ya que las últimas personas que lo vieron con vida no brindan información, y es un caso que no tiene suficiente repercusión y difusión en los medios de comunicación hegemónicos. El caso Tehuel pone de manifiesto la realidad de la población trans del país: la situación de extrema vulnerabilidad y de exposición a múltiples violencias de género. 

Dentro de las discriminaciones que sufren las personas por su orientación sexual o identidad de genero existen la homofobia, la lesbofobia y la transfobia, que son el odio irracional hacia las personas cuya orientación sexual es diferente a la heterosexualidad y/o su identidad de género no coincide con su sexo biológico. Un ejemplo de esto es el rechazo que se generó de un sector de la sociedad cordobesa hacia la bandera LGBTIQA+ que colgó la Municipalidad de la capital en el parque Sarmiento. En dicha oportunidad se sucedieron claras reacciones de violencia y movilizaciones de odio en su contra, alcanzando incluso que en varias oportunidades se quitara la bandera hasta actos de violencia física hacia personas LGBTIQA+.

Las normativas anteriormente nombradas sufren algunas dificultades en el momento de su implementación debido a la resistencia de grupos conservadores que obstaculizan el desarrollo de esta política  en la sociedad. Ya sea por medio de litigios judiciales, campañas de mediatización, lobbies legislativos, y particularmente resistencia en espacios de enseñanza como las escuelas. Estos sitios son  intituciones importantes de socializacion y aprendizaje, donde se deben abordar temáticas de promoción de la igualdad y la no discriminación de forma temprana.

Lo expresado hasta aquí, deja en evidencia que a pesar de tener reconocidos los derechos en diversas leyes (igualdad formal), aun así las personas siguen padeciendo múltiples violencias en razón de su orientación sexual y/o su orientación de género (igualdad material) cuando no se ajustan a la heterocisnorma. Por lo que queda en manifiesto la necesidad de un plan integral para erradicar violencias. No alcanza con la sanción de una ley sino que se requieren políticas públicas integrales que brinden verdaderas respuestas a la problemática y un cambio cultural profundo.

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Autoras

  • Josefina Gelid
  • Agostina Copetti

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